Acerca de la contingencia

Acerca de la contingencia Mayo 2022.                                                                                        ...

martes, 28 de enero de 2020

NORMAS LENINISTAS DE ORGANIZACION

NORMAS LENINISTAS DE ORGANIZACION
Patricio González  
Marzo 2006.


I INTRODUCCION

II TEORIA LENINISTA ACERCA DEL PARTIDO

III NORMAS DE ORGANIZACION

IV EL CENTRALISMO DEMOCRATICO

V LA CELULA

I INTRODUCCIÓN

La lucha de clases, en sí ya de gran importancia, conlleva necesariamente a la lucha política e ideológica de la clase obrera frente a la burguesía. Para que esta lucha pueda ser exitosa, es necesario la organización de los trabajadores en diversas instituciones. Una de ellas son los sindicatos, institución clasista que agrupa a los obreros en pos, principalmente, de sus reivindicaciones económicas y sociales. Sin embargo, la lucha economicista, siendo importante, no es suficiente para liberar a la clase obrera de la explotación capitalista

Ya Marx y Engel, especialmente en su obra El Manifiesto del Partido Comunista, fundamentaron la necesidad de que la clase obrera contara con su propio partido. Este debía tener ciertas características que lo hicieran diferentes a los otros partidos ya existentes en esa época. Estas características eran:

1.- Los comunistas no forman un partido aparte, opuesto a los otros partidos obreros.

2.- Los comunistas no tienen intereses que los separen del conjunto del proletariado.

3.- No proclaman principios especiales a los que quisieran amoldar al movimiento proletario.

4.- En las diferentes luchas nacionales del proletariado, hacen valer los intereses comunes a todo el proletariado, independientemente de su nacionalidad (Internacionalismo Proletario).

5.- En las diferentes fases del desarrollo por la que pasa la lucha del proletariado y la burguesía, representan siempre los intereses del movimiento en su conjunto.

6.- Los comunistas son el sector más resuelto de los partidos obreros, el sector que impulsa adelante a los demás.

7.- Tienen la ventaja de contar con una clara visión de las condiciones, marcha y de los resultados generales del movimiento obrero (teoría revolucionaria).

Este partido debía estar en condiciones de dirigir a la clase obrera en su misión histórica, es decir, conducirla a la revolución proletaria, instaurar su poder, y conducirla exitosamente en su lucha revolucionaria por el poder político contra la burguesía.

A fines del siglo XIX, con el tránsito del capitalismo de la libre competencia a la fase imperialista, los partidos obreros, producto de maniobras de la burguesía, caen en una gran corrupción, lo que les impide dirigir la lucha de los obreros, derivando a la Social Democracia y a la colaboración de clases. Ante esto, surge la necesidad de crear un partido revolucionario de nuevo tipo, no corrupto, capaz de encabezar la lucha revolucionaria del proletariado. Le corresponde a Lenin desarrollar los fundamentos teóricos de este partido de nuevo tipo, lo que logra particularmente en sus obras ¿Qué hacer? y Un paso adelante, dos pasos atrás.

Actualmente, la vigencia y necesidad de contar con este partido es de primer orden. La situación política mundial y nacional, los fenómenos sociales y políticos que se viven, el proceso de globalización y transnacionalización que se vive ameritan más que nunca la presencia de un fuerte partido revolucionario, con claridad y audacia para enfrentar con éxito los desafíos y conducir a la clase obrera, a los trabajadores hacía su liberación. Una de las tareas más importante es poder llevar al pueblo la doctrina marxista- leninista, hacer claridad en las masas, educarlas y combatir la avalancha reaccionaria de la burguesía. Para ello es necesario tener cada vez un partido mejor política, orgánica e ideológicamente.

II TEORIA LENINISTA ACERCA DEL PARTIDO

La teoría leninista acerca del partido de nuevo tipo surge producto de la lucha ideológica de Lenin y sus seguidores contra los sectores oportunista que se habían apoderado del Partido Obrero Social Demócrata de Rusia (POSDR) y de prácticamente casi todos los otros partidos revolucionarios europeos. Junto a la teoría revolucionaria (el Marxismo-Leninismo), este partido debía dotarse de una clara organicidad, de herramientas y normas internas que le permitieran cumplir con su tarea de vanguardia en la lucha del proletariado contra el capitalismo monopolista (imperialismo) y denunciar a los partidos obreros que habían abrazado la Social Democracia Particularmente en sus obras ya señaladas, Lenin fundamenta las características y la esencia de este partido de nuevo tipo. Este debía:

1.- Ser un partido de vanguardia.

2.- Tener una organización científica.

3.- Estar compuesto por los obreros más conscientes y combativos, por intelectuales progresistas y los grupos más avanzados de otras capas sociales populares.

4.- Unir la teoría con la práctica.

5.- Tener una unidad de estatutos y programa.

6.- Tener estrecho contacto con la clase obrera y sus aliados naturales.

En este marco, Lenin fundamentó las características que debía tener este partido:

1.- Vanguardia consciente de la clase obrera.

Como vanguardia consciente se caracteriza por:

a) ser el sector más consciente de ella,

b) lograr la unidad del socialismo científico con la clase obrera.

c) su base ideológica es el Marxismo-Leninismo.

d) luchar contra la salida espontánea de la conciencia de la clase obrera.

e) tener al Marxismo-Leninismo como la base para la unidad y cohesión ideológica del partido.

Estas características permiten cumplir al partido con su cometido.

Con ello se logra:

- ser la fuerza dirigente de la clase obrera, es decir, ser reconocido como vanguardia por la clase obrera,

- que los militantes no tengan intereses contrarios a los intereses de la clase obrera,

- que los militantes posean una madurez teórico-política y orgánica superior a los otros trabajadores, transformándose en dirigentes de ellos

- que el objetivo del programa político sea la realización de la misión histórica de la clase obrera, es decir, la instauración del poder obrero,

- la defensa consecuente del Internacionalismo Proletario, expresada en una solidaridad consecuente con la lucha de los trabajadores en todo el mundo,

- lucha por la alianza más amplia de las fuerzas nacionales y progresistas, es decir, fomentar la política de alianzas con todas las fuerzas sociales anticapitalistas, antiimperialistas,

- un grado de organización excelente (Centralismo Democrático),

- como vanguardia de la clase obrera, el partido defiende los intereses de la nación.

2.- Vanguardia organizada de la clase obrera.

Para ello, cada militante debe formar parte de un organismo celular, rigiéndose el partido por los principios del Centralismo Democrático.

Todo militante debe, precisamente, militar, hacer una rica y participativa vida celular. Participar en las discusiones partidarias y cumplir con los acuerdos.

3.- Forma superior de organización de la clase obrera.

Es decir, representa los intereses generales de la clase obrera y de todos los trabajadores. Está llamado a dirigir todas las demás organizaciones del proletariado y de los trabajadores en general. No tiene intereses contrapuestos o aparte de los intereses de los trabajadores, Por el contrario, hace suyo los de los obreros y los del pueblo, dirigiéndolos en la lucha por sus reivindicaciones.

4.- Estrecha ligazón con las masas.

Dirige y educa a las masas, pero también aprende de ellas. Permanentemente debe controlar el grado de concientización de ellas y debe plantear tareas que respondan a las condiciones objetivas y subjetivas existentes.

Los militantes del partido deben participar activamente en los organismos de masas, deben llevar la voz, la orientación del partido a ellas. Deben, asimismo, nutrirse de ellas.

5.- Internacionalismo proletario.

Sin perder su carácter nacional, el partido es eminentemente internacionalista. Se debe fomentar y fortalecer la solidaridad internacional con todos los pueblos que luchan por su libertad. Se debe ser consecuente en la lucha antiimperialista de los pueblos del mundo y ser activo militante por la paz, los derechos de los oprimidos, por la autodeterminación de los pueblos

En este contexto adquieren gran importancia las normas de organización del partido:

III NORMAS DE ORGANIZACIÓN DEL PARTIDO

Las Normas de Organización son las bases para el funcionamiento del partido, para fortalecer su democracia interna y fomentar su carácter del partido de nuevo tipo. Permiten desarrollar la política del partido entre las masas y la lucha ideológica. Algunas de éstas son:

a) El reconocimiento y cumplimiento incondicional de las exigencias de los estatutos del partido y la disciplina unitaria para todos los militantes. A través de esta norma se asegura la unidad entre la voluntad y la acción de los miembros del partido. Se establece la unidad con el objetivo estratégico que sale en el programa. Es la unidad de la vanguardia consciente a través de los estatutos y del programa.

b) Imposición consecuente de los principios del centralismo democrático y de la democracia interna del partido. Esto significa tener, por un lado, una dirección única enérgica y, por otro, una amplia participación de los militantes. Predispone la sumisión de la minoría a la mayoría.

c) La actividad más grande posible e iniciativa creadora de los miembros del partido, a todo nivel, desde la célula hasta los órganos dirigentes centrales.

d) Principio de la crítica y autocrítica. Se debe fomentar y desarrollar esta práctica a todo nivel, pero particularmente a nivel de dirigente. Siempre debe ser constructiva.

e) Carácter colectivo de la dirección y la responsabilidad de cada militante.

IV EL CENTRALISMO DEMOCRATICO

Los principios organizativos y de la actividad de los partidos revolucionarios obedecen al carácter de ley que ellos poseen. Este carácter de ley de estos principios organizativos es, en general, el principio del Centralismo Democrático. Este es el elemento vital que permite al partido cumplir con su misión y se puede determinar en los siguientes puntos:

a) Elegibilidad de todos los organismos dirigentes del partido de abajo hacia arriba.

b) Informe periódico y rendición de cuentas de los organismos partidistas ante sus miembros y organismos inferiores.

c) Una estricta disciplina partidista y la subordinación de la minoría a la mayoría.

d) La obligación incondicional para los organismos inferiores de cumplir los acuerdos de los organismos superiores.

e) La crítica y autocrítica constructivas y la responsabilidad personal, con las posibles sanciones, incluida la remoción de los dirigentes.

V LA CELULA

La célula es el pilar de la estructura partidista. Es el órgano del Partido inserto en las Organizaciones de Masas, que lleva a ellas la orientación política e ideológica y, a la vez, se nutre de ellas respecto a sus aspiraciones, carencias y necesidades. La célula es la organización partidaria que debe, mediante su política y accionar, dirigir la lucha de los sindicatos, juntas de vecinos y otras organizaciones populares, por sus reivindicaciones sociales, económicas, políticas e ideológicas. De allí, entonces, su vital importancia.

Para cumplir con su cometido, la célula debe funcionar bien. Esto significa tener buena organización, tener fuertes lazos con las organizaciones de masas, cumplir con lo planificado, tener una buena política de agitación y propaganda, entre muchas otras tareas. Esto presupone una buena constitución de la célula misma y de su dirección: el Secretariado, particularmente en la asignación de funciones, competencias y responsabilidades.

La dirección de la célula debe estar compuesta por:

. El Secretario o Encargado Político: Está encargado de dirigir políticamente el trabajo de la célula y de su secretariado. Es el responsable de la célula ante la dirección superior (Comité Comunal). Debe velar por el cumplimiento de las resoluciones de la reunión de célula, debe tener claridad política, conocer la política del partido y estar imbuido de los problemas que aquejan al sector donde funciona la célula. Debe ayudar y orientar a los miembros del secretariado y a los militantes de la célula en el cumplimiento de sus actividades, entre otras actividades. Entre sus tareas más importantes está el conocer la realidad política internacional, nacional, región y, particularmente, de su sector o localidad. Es el principal responsable en darle el marco político a las actividades de la célula.

- El Secretario o Encargado de Organización: Es el responsable de la coordinación y planificación del trabajo del Secretariado y de la célula. Subroga al Secretario Político en ausencia de éste. Coordina y planifica las tareas y actividades de ésta, asigna funciones y responsabilidades entre los militantes y es el encargado de llevar a acabo los respectivos balances de los trabajos realizados.

- El Secretario o Encargado de Finanzas: Es el responsable de velar por los bienes y recursos financieros de la célula, por su buena y correcta utilización, por la obtención de nuevos recursos. Lleva la tesorería de la célula, cobra y administra las cotizaciones, planifica las campañas de finanzas a nivel de célula y organiza las actividades para el cumplimiento de las metas financiera de la célula. Rinde cuenta, a lo menos una vez al año, de los ingresos y egresos.

- El (Los) Encargado(s) de Masas: Es (son) responsable del vínculo de la célula con el respectivo organismo de masas. Es el encargado de llevar la orientación y la palabra del partido al sindicato, a la junta de vecinos, etc., y recoger de éste sus problemas y necesidades y llevarlos a la célula para su discusión y búsqueda de soluciones para, así, proponerlos en el organismo de masas. Debe buscar ocupar una posición dirigente o, al menos, influyente en él para así poder llevar con mayor éxito la política partidaria.

- El Encargado de Propaganda: Es el responsable de llevar la voz del partido al entorno. Es el encargado de diseñar e implementar, con ayuda de los militantes, los canales de comunicación de la célula con su medio de acción. Debe procurar conocer las reivindicaciones de las masas para efectuar una labor de agitación y orientación acerca de ellas. Debe buscar permanentemente, y en forma creadora, nuevas formas de agitación. Debe conocer los problemas que aquejan al entorno y proponer medidas y actividades de denuncia de éstos y de divulgar la opinión del partido al respecto. Es el mayor responsable de buscar los mejores métodos para hacer llegar la opinión de los comunistas a la masa.

. Otros encargados: (dependiendo de la célula o de sus actividades).

El Secretariado de la célula debe estar compuesto por 3 a 5 compañeros, dependiendo de la cantidad de militantes y de las tareas. Lo conforman, por derecho propio, el Secretario y el Orgánico. Se recomienda que los otros miembros tengan responsabilidades relevantes en su accionar, como, por ejemplo, el Encargado Sindical, el de Finanzas o el de Pobladores, etc. Se debe elegir una vez al año, en una asamblea de célula con la participación, ojalá, de todos los militantes que conforman la célula. Se debe reunir una vez a la semana para planificar las actividades futuras y controlar el trabajo realizado, tomando las medidas necesarias para corregir insuficiencias y errores, además de ubicar las tareas en el contexto político local, regional, nacional e internacional. Debe preparar el informe para la respectiva reunión de célula. Es el órgano o dirección colectiva de la célula y, como tal, es el responsable de la actividad partidaria del sector donde la célula tiene su actividad. Debe promover actividades que motiven a los militantes, velar porque se cumplan los acuerdos partidarios y, especialmente, los principios del Centralismo Democrático.

Acerca de la política de alianzas

Acerca de la política de alianzas
25 marzo, 2013 
Marta Godoy   † 2017 

Aunque históricamente ha quedado demostrado que el Partido Comunista de Chile ha tenido una política permanente de búsqueda de alianzas para hacer avanzar su línea política y con ello lograr mejores condiciones de vida para los trabajadores, como se logró durante los Gobiernos de Pedro Aguirre Cerda y de Salvador Allende, siempre es conveniente analizar aspectos básicos de las alianzas.

Podemos partir de la pregunta ¿Cuándo se buscan alianzas?
Cuando se quiere obtener un objetivo para lo cual no se cuenta con las fuerzas suficientes para lograrlo por si sólo.
Generalmente hay un objetivo estratégico, como en el caso del Partido es lograr el cambio profundo de las estructuras económicas, sociales y políticas del sistema capitalista que rige el país abriendo paso al socialismo. Este objetivo está plenamente identificado con los intereses de las amplias mayorías nacionales y por tanto se debería tender a que éstas lleguen a ser parte de la alianza que trabaje por ello.
Sin embargo, hay otros objetivos más próximos que significan avanzar pasos encaminados en dirección al objetivo final o al menos evitar retrocesos.
El objetivo que nos fijemos en lo inmediato dependerá en gran parte de las actuales condiciones políticas, sociales, electorales, económicas, etc.
Con la elección de un Gobierno de derecha en enero del 2010 cambiaron en gran medida las condiciones y frente a nuestro objetivo de lograr un Gobierno de nuevo tipo con mayor democracia y justicia social , se alzó como objetivo previo el lograr desplazar del Gobierno a la derecha. ¿Con qué tipo de Gobierno? Ojala fuera el de nuevo tipo que habíamos delineado, pero quizás en una primera etapa no sea uno tan avanzado. ¿Por qué?
Porque para desplazar a la derecha se necesita una alianza muy amplia, incluyendo sectores que tal vez no van a estar por un Gobierno de nuevo tipo, sino simplemente quieran lograr uno más de los que tuvo la Concertación con algunas pequeñas correcciones.
Todo esto que a primera vista parece tan obvio, unir todas las fuerzas para derrotar a la derecha, cuestión propuesta por Arrate antes de la elección presidencial, no es nada de sencillo, lo hemos visto en la práctica en este último año.
Y es que aquí no sólo influyen los intereses personales o de grupos sino fundamentalmente los intereses de clase. Por eso al hacer el análisis de los partidos, movimientos, grupos o personalidades que podrían integrar esta alianza , es necesario buscar cuales son sus vinculaciones, sus orígenes, sus intereses de clase, no para limitarlos sino para tener claro lo que de ellos se puede esperar. Máxime hoy día en que la imposición de nuevos elementos de desarrollo del capitalismo ha traído como consecuencia modificaciones en las formas de explotación de los trabajadores, configurando apariencias de una desaparición de las clases y dando pié a la afirmación del fin de la lucha de clases.
Por otra parte, los acuerdos o compromisos a veces pueden ser muy parciales y sólo para lograr destrabar un avance posterior o para impedir un hecho que signifique un retroceso importante en el avance de la línea política. Un ejemplo de ello fue el acuerdo logrado en la última elección parlamentaria que permitió romper la exclusión del parlamento con la obtención de 3 diputados.
Ahora bien, frente al tema siempre en discusión referente con qué aliados o con qué fuerzas llegar a un acuerdo o compromiso, tenemos que decir que habrá fuerzas con las que tenemos mayor coincidencia en nuestros planteamientos y con las cuales podemos avanzar un tiempo prolongado. Y también habrá fuerzas que están muy lejos de nuestros principios y planteamientos, pero con las cuales coincidimos en un punto determinado, en un momento determinado que permite llegar a un acuerdo que hace avanzar posiciones, después de lo cual cada uno sigue su camino. Hay que dejar claro que incluso durante el período del acuerdo el Partido no tiene porqué compartir posiciones que esas fuerzas tomen en otros tópicos, ni tampoco compartir ni responder por sus principios y formas de actuar. En cualquier alianza las fuerzas revolucionarias conservan su independencia.
Ejemplos de tales acuerdos en la historia hay muchos, entre ellos uno de los más conocidos el Tratado de Paz de Brest-Litovsk que firmaron los soviéticos tras el triunfo de la revolución con los alemanes, el imperio austro-húngaro y el imperio otomano en la primera guerra mundial, entregando una parte importante de su territorio. Eso les permitió traer de vuelta a los soldados del frente que estaban en muy malas condiciones y le dio un respiro para reorganizar el país en todos los aspectos y enfrentar en mejores condiciones la intervención extranjera contrarrevolucionaria, salvando así la revolución.
Otra cosa es el trabajo permanente que debemos hacer en la construcción de un núcleo de izquierda llamados a ser nuestros aliados estratégicos con los cuales compartiremos la lucha por un Gobierno de nuevo tipo.
El rol o la influencia que el Partido puede jugar en una alianza tiene que ver con la fuerza que tenga y esto pasa por asumir a cabalidad la orientación y conducción de las grandes mayorías nacionales que sufren hoy las consecuencias de la aplicación del sistema neoliberal que en su afán de convertir al país en un engranaje perfecto de su aparato transnacionalizado ha acomodado nuestra economía a los cánones del imperialismo mundial, usurpando nuestros recursos, estableciendo formas de desarrollo para la exportación sin considerar la seguridad alimentaría nacional y sometiendo a los trabajadores a un alto grado de explotación, con la consiguiente miseria, hambre y deformaciones ideológicas que han llevado a muchos chilenos a pensar que hemos dejado de pertenecer al tercer mundo.
Hoy el Partido no puede sentirse satisfecho del papel que sus militantes y dirigentes juegan en el seno de las organizaciones sociales levantando y difundiendo propuestas alternativas movilizadoras adecuadas a las situaciones concretas: despidos, transantiago, alzas, cierre de escuelas, etc. Por ello estas son tareas de todos los días y de todos los militantes
Por otra parte no se puede olvidar el carácter dialéctico de las alianzas, cuestión que dice relación con el carácter histórico que ellas tienen y que ligan su dinámica a los períodos que en el plano político, social se den, marcados por circunstancias, hechos muy concretos que en cierta medida determinan el curso el desarrollo de la alianza. Y además, no se puede dejar de considerar el factor subjetivo que se expresa en la acción que desarrolle el Partido para influir en el desarrollo de los acontecimientos a favor de la perspectiva más avanzada y para ello necesitamos un Partido más fuerte en cantidad de militantes, en influencia de masas y también en calidad, en la preparación de sus cuadros.
Lo dialéctico tienen que ver también con el carácter concreto de las bases sobre las cuales se establece la alianza, con objetivos claramente señalados con probabilidades de ser alcanzados en un período determinado y que las fuerzas políticas y sociales participantes estén dispuestas a trabajar por la obtención del éxito y que tengan condiciones mínimas de aportar algo en su consecución. Se recomienda analizar el acuerdo con que se logró la elección de los 3 diputados.
En las próximas elecciones municipales hemos planteado llegar a una alianza con las fuerzas de izquierda en una lista común a Concejales y una alianza mucho más amplia de toda la oposición a la derecha para la elección de Alcaldes. Esto es un interesante y gran desafío para la política de alianzas del Partido.

sábado, 25 de enero de 2020

Chile, un Estado Policíaco

Chile, un Estado Policíaco

Patricio González 

Enero 2020.

Los últimos acontecimientos en Chile, especialmente desde la irrupción del estallido social del 18 de octubre de 2019 hasta la actualidad, hace necesario cuestionarse una serie de cosas respecto a qué ha pasado en el país en este casi medio siglo, desde el golpe de estado de 1973. Ello, en particular, por una serie de fenómenos sociales y económicos que han tenido lugar en el país, con sus respectivos cuestionamientos, y en relación a los dogmas que se han instalado en nuestra sociedad.
En su obra El Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado (1884), Federico Engels expresa: “La esencia de la sociedad civilizada es el Estado, una maquinaria esencialmente destinada a reprimir a la clase oprimida y explotada, y que en todos los períodos típicos es exclusivamente el Estado de la clase dominante.”1
Esta expresión es similar a la vertida en El Manifiesto Comunista, de Marx y Engels: “La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases”2. Poco más adelante, señalan “La moderna sociedad burguesa que ha salido de entre las ruinas de la sociedad feudal, no ha abolido las contradicciones de clase. Unicamente, ha sustituido las viejas clases, las viejas condiciones de opresión, las viejas formas de lucha por otras nuevas”.3
En su análisis dialéctico en su ya citada obra de 1884, Engels va describiendo cómo los seres humanos, desde los tiempos prehistóricos hasta la modernidad, van desarrollándose socialmente, desde una comunidad de iguales, pasando al surgimiento de las clases sociales, a sus contradicciones antagónicas, al surgimiento del Estado.
La anteriormente citada definición del Estado expresa la esencia de éste como estructura de las relaciones de producción y, por ende, de las relaciones de propiedad, en las fases de desarrollo de las diversas formaciones socioeconómicas de la humanidad. Esencialmente, el Estado expresa la forma, la estructura cómo la clase dominante domina a la clase dominada y a otras capas de la sociedad.
A mayor abundamiento, Engels señala “Así pues, el Estado no es de ningún modo un poder impuesto desde fuera de la sociedad ….... Es más bien el producto de un determinado grado de desarrollo de la sociedad, es la confesión de que esa sociedad se ha enredado en una irremediable contradicción consigo misma y está dividida por antagonismos irreconciliables que no puede conjurar”.4 Más adelante continúa: “... el Estado se caracteriza en primer lugar por la agrupación de sus súbditos según “divisiones territoriales”....... El segundo rasgo característico es la institución de una “fuerza pública” que ya no es el pueblo armado. Esta fuerza pública especial se hace necesaria porque, desde la división de la sociedad en clases, es imposible una organización armada espontánea de la población.....”.5 Y, a continuación, añade “Para sostener en pie esa fuerza pública se necesita la contribución de los ciudadanos: los impuestos …...... Dueños de la fuerza pública y del derecho a recaudar los impuestos, los funcionarios aparecen ahora como órganos de la sociedad situados por encima de ésta.”6
Lenin, en su libro El Estado y la Revolución, refiriéndose a la ya citada obra de Engels, dice: “Engels se esfuerza en dirigir la atención de los obreros conscientes precisamente hacia aquello que el filisteísmo dominante considera como lo menos digno de atención, como lo más habitual, santificado por prejuicios no ya sólidos, sino podríamos decir que petrificados El ejército permanente y la policía son los instrumentos fundamentales de la fuerza del Poder del Estado. Pero ¿puede acaso ser de otro modo?”
Dicho en otras palabras, el Estado surge en un momento dado del desarrollo de la humanidad: cuando ésta se divide en clases, las cuales tienen una posición antagónica entre sí, y la clase dominante debe ejercer la fuerza para tener bajo control a la clase dominada, y para eso requiere de una fuerza pública que ejerza ese rol. Por un lado están las FFAA y, por el otro, las policías. Ambas ejercen esa función: guardianes del Estado y de la clase dominante.
En una sociedad dividida en clases, como la nuestra, el Estado capitalista tiene como principal objetivo mantener el status quo, es decir, y como ya se ha dicho, garantizar el poder de la clase dominante sobre la clase dominada, independientemente que ese poder se ejerza con algunos ribetes más represivos o más “democráticos”, dependiendo de la correlación de fuerzas que exista en cada momento, del estado de ánimo y grado de combatividad de las masas, etc., pero nunca perderá su carácter de clase. Ello en directa relación con el tipo de gobierno que se establezca.
Con el flujo de los movimientos populares a principios de los 70 en América Latina y otros continentes, EEUU y los sectores reaccionarios de América llevaron a cabo una readecuación de su táctica, lo que posteriormente se vierten en los denominados documentos de Santa Fe, basado en la teoría del enemigo interno, en la guerra contra el marxismo internacional, etc., donde la seguridad nacional queda en manos de las FFAA y las policías.
El golpe de estado de 1973 en Chile es un anticipo de esa política que se empieza a concebir en esos años por el Imperio. Es aquí donde se implementa un nuevo modelo económico, el cual necesita contar con las condiciones políticas adecuadas, las que se aplicarán a contar del cruento golpe de estado en nuestro país.
En el DL N° 17 de la Junta Militar de Chile, del 11 de septiembre de 1973, en su artículo 1, se señala: “Con esta fecha se constituyen en Junta de Gobierno y asumen el Mando Supremo de la Nación, con el patriótico compromiso de restaurar la chilenidad, la justicia y la institucionalidad quebrantadas, conscientes de que ésta es la única forma de ser fieles a las tradiciones nacionales, al legado de los Padres de la Patria y a la Historia de Chile, y de permitir que la evolución y el progreso del país se encaucen vigorosamente por los caminos que la dinámica de los tiempos actuales exigen a Chile en el concierto de la comunidad internacional de que forma parte.”
Como este DL, los otros cientos de ellos están en la misma dirección de entregar a las FFAA y Policía todo el poder, como una forma extrema de la burguesía de mantener a toda ultranza sus posiciones de dominio, especialmente el económico. Debe señalarse que, hasta 1980, la Dictadura gobernó mediante Decretos Leyes, ya que el mismo día del golpe había dejado sin efecto la Constitución de 1925.
La Constitución de 19808, que rige en nuestro país salvo pequeñas reformas, dictada bajo la dictadura más sangrienta y brutal que se haya dado en Chile, la que todavía se mantiene vigente en sus elementos más esenciales (los llamados “candados”), los que debiesen ser erradicados en una nueva Constitución, obedece al golpe de estado de 1973, donde nuestro país se convierte en un “Estado Policiaco”, el cual, a grandes rasgos, se mantiene hasta el día de hoy.
En el artículo 8 de la Constitución de 1980 se señalaba: “Todo acto de persona o grupo destinado a propagar doctrinas que atenten contra la familia, propugnen la violencia o una concepción de la sociedad del Estado o del orden jurídico, de carácter totalitario o fundada en la lucha de clases, es ilícito y contrario al ordenamiento institucional de la República.
Las organizaciones y los movimientos o partidos políticos que por sus fines o por la actividad de sus adherentes tiendan a esos objetivos, son inconstitucionales”
En su artículo 9 dice: “El terrorismo, en cualquiera de sus formas, es por esencia contrario a los derechos humanos. Una ley de quorum calificado determinará las conductas terroristas y su penalidad. Los responsables de estos delitos quedarán inhabilitados por el plazo de quince años para ejercer los empleos, funciones o actividades a que se refiere el inciso cuarto del artículo anterior, sin perjuicio de otras inhabilidades o de las que por mayor tiempo establezca la ley. No procederá respecto de estos delitos la amnistía ni el indulto, como tampoco la libertad provisional respecto de los procesados por ellos. Estos delitos serán considerados siempre comunes y no políticos para todos los efectos legales”.
Sergio Job, en su artículo ¿Qué significa Estado Policial?, publicado en el Portal Rebelión el 22.11.20139, señala “En los últimos tiempos, la dinámica de la política cordobesa en particular, pero del continente en general, ha llevado a que cada vez más sectores de la militancia, la intelectualidad e incluso de los comunicadores sociales, empiecen a señalar la existencia de un Estado Policial”, y señala al “Estado policial como una administración burocrática (violenta o “pacífica”) de la vida, la población y el territorio”.
Ese “Estado Policiaco” debe entenderse como la utilización de todas las herramientas lícitas o ilícitas, de que dispone el Estado en un momento dado, incluso que pasen a llevar su propio ordenamiento jurídico vigente, facultando a las FFAA y policía a ejercer un férreo control sobre los opositores al régimen, y el uso de diferentes medios de represión, aún sean los más violentos y letales, como cruentos golpes de estado.
El Licenciado en Filosofía en la Universidad de Chile y candidato al Doctorado con mención en Ética y Filosofía Política. Investigador de la Universidad Bolivariana, Cristian Candia Baeza, en su artículo “Seguridad ciudadana y Estado policíaco”10 analiza este concepto, acerca del Estado, señalando que este problema de seguridad parte de la crisis vivida por nuestro país y por un crecimiento económico que no ha considerado la equidad como parámetro de distribución. Expresa que: “La estrategia seguida para convertir el tema de la seguridad en la obsesión de nuestro tiempo se desarrolló en dos fases. La primera estuvo orientada a ubicar el problema al interior de un marco jurídico y policial, restringiendo el problema de la seguridad a una cuestión delictiva. La segunda, consistió en presentar la solución del problema como una cuestión técnica referida al control y sanción del delito”. Indica más adelante que el camino que se tomó fue “el de situar la problemática al amparo de un dispositivo técnico-jurídico. Se trata de convertir el cuerpo social en cuerpo victimizado, multiplicando mediáticamente la figura del miedo hasta que no haya persona que no se sienta vulnerable a esta amenaza permanente ….. Se instala en nuestro imaginario una microfísica del temor que corresponde a una microfísica del ejercicio policiaco ….
...Aquí es donde entra la segunda fase de la estrategia que administra el delito ….... La misma voluntad que administra el miedo se ofrece como la salvación necesaria …... El delincuente instalado dentro de nuestra casa exige la presencia de este otro huésped, el cual llega con toda su parafernalia salvadora. De esta forma, se cumple una triste profecía, la instauración de una sociedad segura al amparo de un estado policíaco”.
Durante las décadas pos-dictadura, si bien se implementaron algunas reformas menores, la esencia del modelo se mantuvo incólume, como también la superestructura política, llámese marco legal . Por años se mantuvieron los senadores designados, la inamovilidad de los Comandantes en Jefe de las FFAA y del General Director de Carabineros, el rol tutelar de las FFAA sobre la “seguridad nacional”, los quorums calificados, etc. La represión policíaca, si bien disminuyó en parte, independientemente del gobierno de turno, se aplicó permanentemente contra las protestas estudiantiles, sindicales, contra los pueblos originarios, especialmente contra los mapuches, inclusive con montajes y asesinatos.
Con el estallido social del 18 de octubre, esta política se acentuó. El 20 de octubre de 2019, Piñera declaraba: “"estamos en guerra contra un enemigo poderoso, implacable, que no respeta a nada ni a nadie, que está dispuesto a usar la violencia y la delincuencia sin ningún límite, incluso cuando significa pérdidas de vidas humanas, que está dispuesto a quemar nuestros hospitales, nuestras estaciones del Metro, nuestros supermercados". El día anterior ya había declarado Zona de Emergencia para Santiago y horas más tarde se dictó toque de queda, medida que no se implementaba desde tiempos de la dictadura pinochetista.
Desde el estallido social, el gobierno ha enviado al Congreso Nacional una serie de proyecto de ley, algunos de corte social y económico, y otros marcadamente represivos. Algunos ya aprobados, con votos de algunos parlamentarios descolgados de la oposición, y pronto a ser promulgados y otros todavía en trámite parlamentario.
Entre los aprobados está la denominada ley antisaqueos. Entre los que están en deferentes etapas del trámite legislativo se encuentran: ley que permite desplegar FFAA en infraestructura crítica sin necesidad de dictar estado de excepción, ley antiencapuchados, entre otras. Junto a ellos, se adelantó en varias semanas el egreso de las Escuelas de Carabineros y de la PDI y se autorizó la reincorporación a las filas policiales a personal que se había acogido a retiro. Por otra parte, mediáticamente se hace hincapié en criminalizar al movimiento social, tratándolos de delincuentes, vándalos y otros epítetos, y se victimiza a personal de Carabineros atacados y heridos por esas “turbas de delincuentes”. Del mismo, la posición de gobierno alcanza niveles al más puro estilo pinochetista de negacionismo, rechazando todos los informes que han condenado la violación a los DDHH por parte de FFAA y policías, dándole todo su respaldo a estos organismos armados.
El 11 de noviembre, Carabineros de Chile emite un comunicado, donde, entre otras cosas, se expresa: “Por mandato constitucional, Carabineros de Chile tiene el deber de resguardar el orden público y proteger a las personas, su libertad y sus derechos.
Carabineros de Chile tiene como misión proteger y ante todo cuidar a la población.
Carabineros de Chile tiene un compromiso absoluto con los derechos humanos, en el cumplimento de sus funciones. Contamos con una Dirección de Derechos Humanos y cursos de formación e instrucción permanente al personal operativo en es relevante materia”. Más adelante continúa: “Se reitera nuestro apoyo y respaldo a todos los Carabineros y Carabineras de Chile, quienes han debido realizar un gigantesco esfuerzo para el resguardo del orden y seguridad de todos los chilenos”.
Por su parte, las tres ramas de las Fuerzas Armadas, en una declaración pública del 21 de noviembre, entre otras cosas, señalaban: "...rechazar categóricamente las afirmaciones del informe que señalan que habría existido 'una política de ataques generalizados contra manifestantes', ya que no existió, ni existe ninguna política de las FFAA para dirigir ataques generalizados o sistemáticos contra la población civil”. Más adelante afirman que “Tampoco es cierto que durante el periodo que rigió el Estado de Excepción Constitucional, las FFAA hubieran actuado con la intención de lesionar a quienes se manifestaban para desincentivar la protesta social. Al contrario, su intención fue la de proteger a la población, los derechos de nuestros compatriotas y la infraestructura crítica de nuestro país, ante los graves delitos con altos grados de violencia que se estaban cometiendo".
Estas, y otras declaraciones emitidas por los mandos superiores de las FFAA y Carabineros se alinean perfectamente con el absoluto respaldo que le ha brindado el gobierno a la brutal represión ejercida contra el movimiento social. Por otra parte, el artículo 101 de la actual Constitución señala: “Las Fuerzas Armadas y Carabineros, como cuerpos armados, son esencialmente obedientes y no deliberantes. Las fuerzas dependientes de los Ministerios encargados de la Defensa Nacional y de la Seguridad Pública son, además, profesionales, jerarquizadas y disciplinadas”. Es evidente que, desde mucho tiempo, las FFAA y Carabineros no cumplen con esa condición, especialmente estos últimos meses ya que permanentemente están opinando sobre la contingencia, han hecho montajes y han asesinado a mapuches, como a Camilo Catrillanca y otros.
Desde 1990, y especialmente en estos últimos meses, los acontecimientos muestran la casi total autonomía e impunidad con que actúan estas instituciones armadas y nunca han perdido el poder que obtuvieron bajo la dictadura, lo cual los transforman en un factor decisivo en la coyuntura política que atravesamos.
El tema de la subordinación de las FFAA y Policía no ha sido parte de la discusión actual. No está en las demandas levantadas, mucho menos en la agenda de gobierno y pareciera que tampoco en la oposición. Mientras eso no suceda, sera muy difícil avanzar en una verdadera democratización de nuestro país. En la práctica, estamos viviendo en un estado policiaco.









1Engels, F., El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado COLECCIÓN CLÁSICOS DEL MARXISMO Traducción: Grupo de Traductores de la Fundación FedericoEngels, Primera edición: septiembre 2006, www.fundacionfedericoengels.org, pág. 190
2Marx y Engels, El Manifiesto Comunista, Ediciones Delta, pág. 41
3Idem, pág. 42
4Engels, F, Op. Cit. Pág.183
5Idem, Pág. 184
6Idem, Pág. 185
7Biblioteca del Congreso Nacional de Chile en: https://www.bcn.cl/
8Idem
9http://www.rebelion.org/noticia.php?id=177193
10 Cristian Candia Baeza, «Seguridad ciudadana y Estado policíaco»,Polis [En línea], 2|2002, Publicado el 26 noviembre 2012, consultado el 22 enero 2020. URL: http://journals.openedition.org/polis/7944

¿Una nueva Constitución para Chile?

¿Una Nueva Constitución para Chile?
Patricio González
Nov. 2019


Siendo éste un tema altamente complejo, es de suma importancia su discusión y búsqueda de solución. En primer término, debe señalarse que el Estado es la estructura que se da la clase dominante para subyugar a la clase explotada.
Lenin, en su obra El Estado y la Revolución, señala “El Estado es producto y manifestación del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase. El Estado surge en el sitio, en el momento y en el grado en que las contradicciones de clase no pueden, objetivamente, conciliarse.”1
El Estado capitalista, que rige el modo capitalista de producción, se manifiesta de diversas formas en su superestructura política: república (presidencial, parlamentarista, unitaria, federalista, entre otras), diversas formas de dictadura, monarquías, etc., lo que se expresa en diversos regímenes de gobierno. En ese contexto, se rigen por las llamadas Constituciones Políticas.
Si bien es cierto que ya en la antigüedad hay atisbo de este concepto, hace solo unos mil años atrás que se conocen textos más generales (Inglaterra 1215 y otros reinos de la época), pero recién con las revoluciones burguesas y la irrupción del capitalismo toma el cariz actual. En ellas se establece el llamado “estado de derecho” con la llamada división de poderes (Ejecutivo, Legislativo, Judicial). Su único fin es establecer un cuerpo de leyes jurídicas bajo el marco de la Constitución, con el cual se garantizan algunos derechos de las personas y se establece un marco de funcionamiento, el que debiese ser teóricamente respetado por todos, alcanzando así una “democracia”, la que en última instancia está al servicio de la clase dominante en desmedro de la clase oprimida. Entonces, reiterando, la Constitución Política debe entenderse como la ley jurídica madre, la “Carta Magna”, impuesta por la clase dominante, donde, bajo su manto, se legislan diversos cuerpos de leyes, que regulan variados aspectos de la sociedad.
Por tanto, en una sociedad dividida en clases, como es nuestra sociedad capitalista cualquiera sea la Constitución Política, ésta tiene como principal objetivo mantener el status quo, es decir, garantizar la explotación de la clase explotada por parte de la clase dominante. Sin perjuicio de lo anterior, ésta podrá tener algunos ribetes más represivos o más “democráticos”, dependiendo de la correlación de fuerzas, del estado de ánimo y grado de combatividad de las masas, etc., pero nunca perderá su carácter de clase.
Ese grado de libertades estará también en directa relación con el tipo de gobierno que se establezca. No debemos olvidar que la actual Constitución, que rige en nuestro país, fue dictada bajo la dictadura más sangrienta y brutal que se haya dado en Chile, férrea defensora del modelo económico neoliberal y del gran empresariado, la cual todavía se mantiene vigente en sus elementos más esenciales (los llamados “candados”), los que debiesen ser erradicados en una nueva constitución.
El actual momento político que vive el país indica que la Revolución Socialista no está a la vuelta de la esquina. Que aún se requiere un gran despliegue orgánico, político e ideológico que permita construir un gran movimiento de masas, que genere un cambio muy grande en la correlación de fuerzas, que permita avanzar hacia el socialismo en un futuro más o menos lejano.
El gran desafío hoy día es profundizar la lucha por la libertad, por la “democracia”, que permita alcanzar reformas que satisfagan algunas de las múltiples necesidades insatisfechas de la población y que permitan, además, subir el grado de organización y de combatividad de la clase obrera y de las masas populares.
El gran movimiento social, que irrumpió a mediados de octubre, muestra el grado de disconformidad que refleja el cómo se ha gobernado en los últimos decenios, independientemente de cuál era la fuerza política partidaria que ejercía el gobierno. Señala también cómo los diversos sectores sociales han ido reaccionando ante la necesidad de realizar cambios.
Más allá de la masificación de estos movimientos, del apoyo que han recibido y de lo que se ha avanzado, muestra signos de espontaneidad, no obedeciendo mayormente a corrientes políticas o a algún grado mayor de organización. Dicho en palabras simples, no ha habido partido político alguno que haya podido liderar el movimiento y que haya podido estar a la altura de los acontecimientos. Si bien hay propuestas sectoriales diversas, no se vislumbra una dirección única coherente, que permita conducir al movimiento en forma más exitosa.
Esa espontaneidad es peligrosa en sí mismo para el movimiento. Puede terminar en un desgaste de éste, en su debilitamiento y finalmente en su extinción, especialmente cuando otras fuerzas (partidos políticos) socialdemócratas y socialcristianas, oportunistas, intentan tomar la representación del movimiento y negocian con el gobierno algunas medidas, donde se tratan tantos posibles cambios, que al final no cambia nada (el “gatopardismo”).
Las fuerzas de izquierda, revolucionarias, deben generar acciones que impidan aquello. Para ello se debe desplegar un gran trabajo para generar una fuerte alianza de clases, donde la clase obrera juegue un rol fundamental, debe darse un intercambio profundo de opiniones políticas, pero respetuoso y teóricamente fundamentado, de manera de lograr consensuar medidas que permitan realmente una profundización en los cambios planteados. Por lo mismo, va adquiriendo una mayor importancia la lucha de ideas en nuestra sociedad. Eso conlleva a que el fortalecimiento político e ideológico de los militantes de izquierda pasa a primer plano como tarea prioritaria. Se trata de entender el nuevo cuadro político generado en estos años y la importancia de las alianzas de clases que se deben configurar, que permitirán avanzar en profundizar la democracia y crear condiciones para futuros cambios revolucionarios más profundos y estructurales.
1Lenin, El Estado y la Revolución, pag. 28-29, Fundación Federico Engels Primera edición: septiembre de 1997 Segunda reimpresión: mayo 2009